Hoy visité el pueblo de San Juan Atzingo el cual se encuentra enclavado en el Parque Nacional Lagunas de Zempoala, colindando con el Estado de Morelos y al norte con San Nicolás Coautepec.
Los habitantes de dicha región son un grupo étnico llamados Tlahuicas ("los que amasan la tierra", en náhuatl). Tienen una lengua propia y su principal simbolo es el teponaztle:
De entre sus festividades, me tocó presenciar una de las más significativas del año: el día del santo patrón San Juan Bautista.
Todo comienza al rededor del medio día cuando la gente se reune para esperar la llegada del padre encargado de oficiar la misa dominical. Mientras tanto los que vamos llegando nos detenemos a observar la danza prehispánica tradicional.
Luego de la parte religiosa, donde se bendice el pan y se saca al santito que será recibido en la casa del mayordomo, se escuchan los cohetes y la música comienza a sonar. A ritmo de banda se ejecuta la danza.
Es curioso ver tan colorido atuendo, el brinco de los chinelos tiene su origen en la época de la colonia cuando los españoles y criollos realizaban enormes fiestas a manera de carnaval excluyendo a los indigenas.
Los grupos segregados comenzaron a hacer disfraces parodiando la vestimenta que usaban los blancos. Con mentón prominente, máscara rosada y atuendo adornado con chaquiras y lentejuelas, los indìgenas hacían mofa de las costumbres españolas.
Después de la danza y la visita forzada a la feria y a la prueba de la gastronomía, el mayordomo nos invita a todos a comer "un taco" en su humilde casa. Allí las señoras nos reciben con un plato lleno de carnitas, tamales, tortillas azules hechas a mano, bebida música y cordialidad absoluta!
Benditas sean las tradiciones.
Y la fiesta sigue, pasando por el jaripeo, peleas de gallos, baile comunal y juegos pirotécnicos, la celebración concluye el día 2 de febrero.
Para saber más sobre la riqueza natural y cultural de San Juan Atzingo y los tlahuicas visita la página de ecoturismo.
domingo, 31 de enero de 2010
jueves, 21 de enero de 2010
Saludar YA!
A veces hay muchas casualidades en un solo día.
Iba con mis prisas y antes de entrar a la tienda de autoservicios no pude voltear hacía el consultorio de Oscar para saber si estaba y así concertar mi siguiente cita...esa extracción de muelas puede esperar.
Tomé mi carrito y de entre los pasillos de detergentes y suavizantes de tela lo vi pasar.
Era el sargento, era él. Aquel que en nuestra infancia el profesor Felipe escogió para la escolta de último grado de primaria. El único hombre en nuestro sexteto, el amiguito que compartió concursos, ceremonias y nerviosismos.
Recuerdo su vocecilla y al maestro diciéndole que gritara mas fuerte!
más fuere! más fuerte!
Recuerdo nuestros ensayos por las tardes en la calle y en el parque.
Y también recuerdo que no hubo nunca un adiós, tan sólo tomamos caminos distintos.
qué será de su vida ahora? a que se dedicará? y los otros, mejor dicho las otras, seguirán viviendo aqui? Ya tiene mucho que no sé de Greta y la última que vi fue a Pamela.
Llegando a las cajas me formé en una casi vacía y para mi sorpresa ahí estaba nuevamente. Nos reconocemos, claro, si no hemos cambiado tanto...o si?
bastante
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